Relatos PECULiares (2ª parte)

Posted on: February 21, 2010
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Ya tenemos aquí el segundo relato de nuestra pequeña colección literaria, se trata de
“SOY UN PARÁSITO.”, la historia de un tipo que se ríe abiertamente de las reglas sociales establecidas, se jacta de no trabajar o de carecer de ambiciones vitales,vamos,  un auténtico parásito social . Cafre, misógeno, casposo… Muchos son los adjetivos que podrían definirle, pero primero leédlo, luego juzgadlo.

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SOY UN PARÁSITO.

*Nota Importantísima: Esto es un relato en clave de humor (agrio, rancio, casposo, burdo y castizo) pero para nada comparto las ideas que el protagonista comenta o menciona. Es sólo una broma pesada*

Cómo cada mañana durante la última semana, el despertador de un vecino, pobre de él cuando sepa quién es, me ha despertado a las cinco de la madrugada. Suerte que ni tengo que levantarme a las ocho, ni a las nueve, ni tan siquiera a las siete, esto de no trabajar es un chollo, y si, paso de las burlas, comentarios y demás estupideces que llegan a mis oídos -todo sea dicho de paso- por la envidia que despierto en mis familiares, vecinos y cómo no, conocidos y amigos. La vida de un parásito social como yo no es sencilla, y lo digo con la mano en el corazón, bueno, en las pelotas si no os importa. Soy tan vago que ni las gafas lavo y claro, al igual que mi futuro, todo lo que veo es más bien oscuro, no, puntualicemos, oscuro no, más bien difuminado y moteado grácilmente por los restos de comida, mucosidades o caspa acumulada. Ni tengo novia ni la quiero, las mujeres siempre me han producido dolor de cabeza y cómo odio los medicamentos y auto-medicarse es malo, paso de cefaleas y más de gastarme un puto duro en aspirinas o derivados. Podéis tacharme de misógino, guarro y poco productivo y yo os contestaré con un eructo, un pedo o lo que se me antoje. Esta es mi filosofía:

“come, mea, caga, duerme, y hazte una pajilla de tanto en cuanto”.

Mi último trabajo fue hace unos siete años, en un parking, cómo vigilante, y claro, duré lo que duré, tres días y dos horas. Eso sí, seré vago, pero honrado, nunca me llevé una peseta (hace quince años, los euros no eran sino un proyecto y ni así se llamaban, ecu era el nombre) y desde entonces que no piso ningún lugar dejando sudor.
Esta mañana mientras desayunaba unas ensaimadas rancias de la panadería de la esquina, he leído en el diario de hace una semana, que un chino de no sé qué provincia impronunciable, había batido el récord guinnes de cantidad de cera en las orejas, ¡coño! el tipo en cuestión había llenado un pote de Li-chis con el producto salido de sus pabellones auditivos, ¡alucinante! ¡genial! me he repetido varias veces. Supongo que si pienso un poco yo también tengo algún récord digno del guinnes, pero eso ya es otra historia. Supongo que la pregunta que ahora ronda por vuestras estúpidas mentes de simples trabajadores asalariados es:

“¿éste tío de dónde saca el dinero para poder vivir?.”

Os lo explico en varios puntos:

Punto número uno, para ser un parásito social hace falta tener un cerebro privilegiado, cosa que muy pocos tenemos.

Punto número dos, dale a la materia gris y busca maneras de vivir sin pegar golpe.

Punto número tres, ten la jeta suficiente para llevar a cabo tu propósito.

Punto número cuatro, si tienes jeta pero no cerebro, pásate a chulo de putas, un buen parásito es alguien elegante en sus maneras (me refiero a las maneras de no pegar golpe, y no joder a nadie).

Punto número cinco y más importante, no dar nunca vuelta atrás, nada de arrepentimientos y bajadas de pantalón.

Ya sabéis, si contáis con éstas premisas, adelante, nada ni nadie os parará. Yo soy feliz, dedico mi tiempo libre a las aficiones que siempre me han apasionado; mirar obras con los jubilados, rascarme las pelotas sin miedo a que nadie me grite, dormir hasta reventar (eso si, vigilad vuestros preciosos culos, las llagas pueden ser un problema), pulular sin prisas por los lugares más selectos, vamos, una vida plácida y sin preocupaciones.

Yo encontré el filón en los accidentes provocados, los seguros daban mucho dinero pero era peligroso y en cualquier momento podía quedarme ga-gá y no era esa mi intención. Entonces probé la donación de sangre, pero las agujas me asustan y era peor el remedio que la enfermedad. Hasta que encontré el método perfecto, ese no os lo voy a explicar, estrujaos el cerebro y ganáoslo con trabajo, ¿he dicho trabajo? Jajajajaja, era una broma, claro está.

 

Casos Inconéxos (Relatos cortos, minúsculos e inexistentes)

Gerard Clos 2003©



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